Introducción






iempre he tenido las ganas de escribir una novela, de esos que no se leen por ahí. Pero hay muchos de ellos en estos días, pues lo que quiero ya es algo común. Quizás el tema esté gastado porque escribir de dioses y magos, hoy día, cualquiera lo puede tener en mente o mejor dicho, imaginación. Tal vez, mi percepción se equivoca o se hace la ignorante. Pero también yo tomo en cuenta que la historia sería mía y, no tendría que contar la de otra persona. Continuaré pensando de esta manera para convencerme de que quiero escribir, tomar la pluma y marcar siluetas con nombres y situaciones tan reales como la vida misma pero con una perspectiva mágica y de grandes sensaciones. No estaría mal todo eso, yo puedo hacerlo. Tuve una infancia bastante extensa. Creo que me duró más que a mis propios hermanos y amigos contemporáneos. En algún momento todos querían tener pareja y salir al cine mientras yo planeaba cuál sería mi próxima aventura con mis figuras de acción. No creía en crecer, eso era para los que no tenían nada que hacer y se la pasaban de aburridos. Yo sí tenía mucho para emprender, pasaba horas y horas con mi  drama infantil junto a explosiones de grandes magnitudes y cosas que se ven ahora en las películas de Marvel

—Por Dios, que mucho yo pienso, pienso y pienso. Es como el “procrastination” de los libros de “marketing” que yo estudio. Lo que significa que deje de pensar para comenzar a actuar. Admito que eso me pasa mucho. Pero hoy es distinto, me levante de la cama con ganas de hacer lo que siempre he querido, escribir. Hoy nada me va a frenar porque estoy decidido y lo voy a decir como leo en las redes sociales: “Hoy voy a mí y pago doble”.

Con el sonido de los autos y autobuses de la rutina mañanera me terminé el café. Recostado de la baranda de la azotea que da hacía a mi apartamento, tengo la suerte de que en el apartamento donde vivo tengo acceso hacia la azotea, donde puedo deleitarme de los suburbios de la capital.

—¡Ahhhh! esta brisa por alguna extraña razón me libera la tensión del estrés.
Pensé, mientras miraba el paisaje con mi taza de café vacía, una taza común y corriente, que agarraba con mis dos manos para que absorbieran el poco calor que quedaba. Fue combustible para despertar mi metabolismo mañanero.

Sigo recostado de las barandas que se aproximan a la orilla de la azotea donde puedo vigilar una extensa selva de cemento, bloque, brea, el rugir de los camiones, y el olor fresco del aroma de los gases emitidos por los autos.

—Hoy es el día de escribir mi mejor cuento, hoy es el momento porque tengo el apetito de escribir un cuento poético —dije en voz alta.

Estar todas las mañanas en la azotea me ha hecho darme cuenta que necesito algo que me eleve a otra época, donde la naturaleza sea la religión y las mentes de las personas estén llenas de héroes míticos que padezcan o sientan igual que los humanos. Pero lo más raro es que siempre he sentido que pertenezco a esos tiempos. En una ocasión, estuve leyendo algo bien interesante sobre las almas viejas. Estas sienten que han estado aquí antes, en épocas pasadas, y sienten hacer cosas que los regresen a esos tiempos. Quizás yo sea un alma vieja que acompañaba a esos héroes al campo de batalla para salvar el mundo. Si fuese así, espero que haya estado junto a la Diosa Morrigan, la hermosa guerrera que se convierte en cuervo y que con el recitar de un cálido poema pide las almas caídas en las batallas para llevarlas a morar a su lugar en el más allá.

—Que poético suena eso… hermoso.

Para mí ha sido una fascinación la mitología de la civilización Celta, una civilización que existió unos cinco mil años antes de Cristo. Se han recuperado solo unos cuantos escritos y cuentos místicos para que hoy los podamos disfrutar. De ahí es que yo he leído mucho sobre la Diosa Morrigan, donde en algunos escritos es una sola persona y en otros son tres. Algo así como una trinidad. Cada vez que leo sobre ella mis ojos brillan de la emoción, tan así es, que siento algo que va más allá de la razón. ¿Será posible enamorarse de un personaje de hace miles de años terrestres?

—No creo que alguien me pueda responder esa pregunta. Pero bueno, es hora de hacer lo que me propuse hace una hora. —Solté la baranda y me di media vuelta para volver a mi apartamento—. Es hora de ponerme a escribir, pero antes otro café.

Abrí uno de los gabinetes de la cocina.

—¿En dónde está?, necesito una taza que me ayude a despertar la inspiración —Seguía rebuscando entre los trastes que guardaba en los gabinetes—. ¡Aja! Mírate aquí. —Tomé una taza de café con un estampado un poco raro y con unas letras que decían I am my biggest fan.

Mientras la máquina de café expreso preparaba la tan apreciada bebida, yo pensaba en el momento aquel cuando trabajaba en la cafetería de una librería de la capital. Allí aprendí sobre bebidas calientes pero, obviamente, el más que me fascinó fue preparar café. Eso se lo debo gracias al señor Hermenegildo, el dueño del lugar. Pero qué nombre tan curioso y fuera de época, nunca me atreví a preguntarle si alguna vez había pensado cambiarse ese nombre. La realidad es que es un buen hombre, eso no cabe duda, y gracias a él hoy me pueden decir que soy un experto. Estoy casi un cien por ciento de ser barista. 

Ya con café en mano me senté en la mesita que tengo en la cocina, con la laptop en frente para comenzar a escribir ese cuento que tanto anhelo.

—¿Por dónde comenzar?. —Agarré la taza con las dos manos y puse mis codos sobre la mesa, mientras miro la pantalla de la laptop— Creo que voy a necesitar algo para inspirarme y abrir esta mentecita que tengo a ver que se me ocurre.

Comencé a mirar alrededor de mi apartamento a ver qué cosas me podrían ayudar para escribir mi cuento.

—¡Ah! Ya sé, recuerdo que tenía una calavera que conseguí en una tienda de rockeritos que creo que ya ni existe, no recuerdo como se llamaba pero era algo de Topic. —Me paré de la silla y caminé hacia el cuarto, abrí la puerta del closet y busque en las cosas que tengo arriba, donde guardo cosas que no utilizo, pero que tampoco quiero tirarlas a la basura.

—Mírate aquí, —Agarré la calavera y entre las cosas que revolví vi unas alas de cuervo que estaban guardadas desde hace mucho tiempo. —See, esto también me va a ayudar. —Volví a la mesita de la cocina y puse las cosas al lado de la laptop— Ahora sí estoy listo.

Pasaron varios minutos y unos cuantos sorbos de café, pensando por dónde comenzar esta increíble historia. Todo lo que me llega a la mente es lo rico que está el café y que no sabía por dónde comenzar, hasta que se me ocurrió ponerle nombre al cuento. Creo que eso es lo primero que se le debe poner a una historia antes de comenzar a escribir.

—Y entonces, ¿Cuál sería el nombre?. Lo voy a buscar por Internet —Comencé a escribir en la laptop— A ver, voy a poner algo muy cursi para tener mejores resultados. Voy a poner Cómo crear un título para una obra literaria.

—De todas las opciones que encontré hubo una que me llamó la atención, decía que el título de una historia debe contener la idea principal de lo que trata esa historia. Me sonó algo confuso pero es la idea principal en lo que me tengo que enfocar. Ahí es donde me tengo que establecer. Estuve un rato pensando y decidí que mi historia va a tratar de mi diosa de la mitología Celta que rescata las almas de los caídos en batallas para llevarlos al inframundo. Recuerdo que había leído que ella fue amante de uno de los héroes de la mitología llamado Cuchulain. Pero amante no puede ser, eso suena muy de esta época, algo que dura muy corto, muy fácil. Me gustaría algo más emotivo, como que se enamoren a primera vista y de tal manera que no puedan contener ese sentimiento y acepten las consecuencias negativas que puedan surgir de ese amor. Ahora sí, esto me está gustando pero todavía no he escrito ni una sola palabra. Espérate, es que tengo que crear primero el título, y creo que ya lo tengo. Se va a llamar La Diosa que se enamoró y todo se hizo un problema. Pero qué clase de porquería de título, a dónde llegaría con eso. —Bajé la cabeza— Creo que no seré un buen escritor después de todo, quizás esta historia estará lejos de ser escrita.

Ya no quedaba café, habían pasado horas tratando de escribir esa historia. Muchas ideas inundaban mi mente al mismo tiempo que miraba el palito que parpadeaba sin parar en el programa de la computadora.

—Diosa si tan solo fueras real para que escuches esta petición y para que me ayudes a escribir una historia que sea de inspiración a las personas. Que sepan que el amor verdadero sí existe y está entre nosotros pero en forma de poema.

Entonces miré por la ventana que está en la pared al lado de la mesita e hice un gesto de emoción, un brinco, como cuando me acuerdo de alguna cosa.

—Eso mismo es, así se debería llamar esta historia, se va a llamar El Poema de la Diosa. Entonces me dispuse a escribir el título con mucha emoción. Las ideas se fueron organizando en mi mente de forma mágica y misteriosa. Había comenzado a escribir y no podía parar, todo se estaba realizando según lo planeado esta mañana. Las horas siguieron pasando pero no quería dejar de escribir. Sabía que si lo hacía iba a perder la musa. Pero en un momento inesperado la pantalla de la computadora se tornó negra. Yo me paralicé. No puede ser que haya perdido todo lo que había escrito. Mientras buscaba que había ocurrido con la laptop algo se movió en la pantalla, cuando enfoco bien la mirada, vi una silueta de una mujer que luego desapareció. Abrí los ojos bien grande, los cerré para sacudirme con las manos y abrirlos, pero no volvió a salir esa silueta. La computadora prendió y la pantalla volvió a la normalidad con todo lo que había escrito. Eso fue algo muy raro, nunca me había pasado, creo que es porque llevo largas horas escribiendo. Lo que pensé es que tengo salir a tomar aire fresco.

Agarré mi chaqueta y salí del apartamento todavía confuso y pensando en la silueta. Ya se está haciendo de noche pero creo que un café me ayudaría a bajar la tensión. Mientras caminaba a la única cafetería que está abierta a esta hora sentía una extraña sensación. No sé cómo explicarlo. No sé cómo uno se debe sentir cuando sabes que alguien te está siguiendo los pasos. Me detuve en un momento y mire hacia los lados pero no vi ninguna persona cerca de mí. Continué la caminata pero un poco más rápido. Mientras me acercaba al lugar, más aligeraba el paso porque ya el sentimiento de persecución me estaba incomodando. No estuve tranquilo hasta que llegué a la cafetería de mi buen amigo, Ramón. Su fuerte no es el café pero es una buena opción a estas horas. El tipo es un poco desquiciado, no ha tenido suerte en su vida amorosa y siempre se la pasa hablando de extraterrestres. Yo creo que por eso ha tenido mala racha en el amor. Todo aquel que lo conoce dice que su media naranja no es de este planeta por su pasión por los extraterrestres. Él y yo tenemos eso en común porque lo mismo me pasa con mi pasión, por la diosa Morrigan. Otra cosa rara de él es que siempre lleva puesto sus gafas, aun así sea de noche. Ya todos lo damos por loco y es por eso que nadie le dice nada. Por lo menos al verlo me sentí más tranquilo y relajado. Le pedí el café como siempre y me disponía a contarle lo que me había ocurrido.

Es en ese momento, en ese preciso momento que le empiezo a contar y mirando a sus gafas me percato de la misma silueta que vi en la pantalla de la computadora, se encontraba justamente detrás de mí. Yo volteé la cabeza para mirar pero no había nadie, nuevamente el corazón comenzó a bombear fuertemente del susto.

—Pero ¿Quién eres?, ¿Qué quieres de mí?
—Pensaba en ese justo momento, pero cuando volteo la cabeza para mirar a Ramón y preguntarle si había visto a alguien detrás de mí, ya él no estaba. Incluso todo estaba oscuro, ya yo no estaba en la cafetería. No sé en dónde me encontraba, es como sucede en los sueños donde tratas de mirar hacia lo lejos pero todo es como que lento y empañado. Al final había un espejo era lo único que se veía. Me acerqué hasta ver mi reflejo en él. Es como si me encontrara conmigo mismo, ese yo interior que muchas veces me dice lo que está bien y lo que está mal. Esa voz interna que te ayuda cuando lo más lo necesitas y te dice qué hacer cuando tu vida se encuentra en un callejón sin salida. Por fin nos encontramos frente a frente. Siento que nos conocemos de toda la vida. Hay mucho que tengo que agradecerte y mucho que reprochar también. Cruzamos miradas pero luego él se retira, se hecha hacia un lado y detrás se acerca la diosa, con una sonrisa hermosa, como siempre me la había imaginado. Mi diosa es de ojos grandes y expresivos. Es de tez blanca y un pelo largo, claro y ondulado. Así es como siempre la he visto en mi mente, en mis sueños y antes de dormir; compartiendo este secreto solo con la almohada. Tenerte en frente de mi es un milagro. Entonces entendí que esto es más que solo un sueño, más que una ilusión, más que un deseo, es mucho más que magia. Tratamos de agarrarnos las manos pero no pudimos porque ella estaba de un lado del espejo y yo del otro.

Ambos sentimos una gran desilusión y ella se retiró,
—No te vayas, —le dije repetidamente.
Ella desapareció y no volví a ver más su reflejo, todo estaba oscuro nuevamente. Caí arrodillado y con la cabeza cabizbaja porque sentía una gran impotencia al no poder acercarme a ella. Tantos años imaginando llegar a este momento y solo nos pudimos ver. Pero algo inesperado pasó. Mientras tenía la cabeza bajada, ella se acercó y puso su mano en mi quijada para alzar mi mirada.

—Sube tu mirada guerrero, que tú no te das por vencido fácilmente, ese no eres tú. —Ella me dijo con una voz dulce y suave— Tenemos una gran batalla por liberar y muchos deberán conocer esta historia. No te preocupes, todo va a estar bien


0 comentarios:

Publicar un comentario