Episodio 6: El Fin



as hadas vuelan entre el mundo espiritual y el mundo real. Son seres extraordinarios que viven cerca de los bosques, ríos y lagos. Ayudan a los humanos a proteger las cosechas y en muchas ocasiones les ayudan a cumplir sus sueños y deseos.

Una hada pasaba volando en el momento en que Morrigan dió su último suspiro. Sintió el deseo más profundo e intenso que jamás había sentido, tan agudo que los sentimientos se volvían agua, simbolizando la pureza y la vida. La hada tomó ese deseo que quedó encerrado en una burbuja de sensibilidad, de compasión y de afecto.

Ella voló hasta el bosque para encontrarse con las demás hadas que se unieron para juntas cargar la burbuja. La llevaron hasta el río, en el mismo lugar donde Setanta llevó a Morrigan la primera vez que la conoció. En ese lugar todavía quedaba impregnado el olor a ternura y suavidad que dejaron luego de estar juntos.

Las hadas tomaron la desición de cumplir ese deseo y soltaron la burbuja en el río. Salpicaron cuatro gotas, que suspendidas en el aire se convirtieron en cuatro peces dorados. Los peces nadaron hasta donde se originaba el río, en la cima de esa gran montaña donde se veía todo Ulster.

Morrigan abrió los ojos y vio ese majestuoso paisaje. 

—Setanta, Ferdiad, rápido vengan. Miren que vista más hermosa. 

—¿Cómo es que no había subido a esta montaña antes? —se cuestionó Setanta con gran admiración.

Ferdiad se acercó… 

—Que vista más espectacular. Por lo que veo nos encontraremos más seguido aquí. 

—Sí, este va a ser nuestro paraíso —comentó Morrigan con gran felicidad.

Setanta y Morrigan se miraron y se acercaron, juntaron sus labios para un beso pero Ferdiad los interrumpió rascándose la garganta. 

—Bueno hermano, me voy a retirar para dejarlos en sus asuntos —Todos rieron y se miraron con una gran alegría.

Ferdiad llamó a Dub y lo montó. 

—Morrigan cuida a Setanta de mi parte, que no se vaya a meter en problemas. —Ella sonrió e hizo gesto de un sí con la cabeza.

Ambos se despidieron de Ferdiad. Dub alzó sus grandes alas y tomó un fuerte impulso hasta que voló bien alto, hasta que se perdieron entre las nubes.

La pareja se quedó mirando al horizonte y lo hermoso del paisaje. En ese momento sintieron la llegada de dos personas, cuando se voltearon vieron a Badb y Annan.

Badb se dirigió a Setanta… 

—No he terminado contigo —pero lo dijo en una forma de burla.

—Cuando quieras. —Setanta contestó sonriendo. 

—Hermanita, cuídate mucho. Si este grandulón te hace daño me avisas.

—Tranquila hermana, espero que nos veamos más seguido. 

—Que así sea. Pero por el momento me iré por un largo tiempo, estaré en el inframundo esperando a Medb. —dijo Badb mientras se alejaba. 

Abrió una puerta que une el mundo de los muertos con el mundo de los vivos, hizo un gesto de despedida por última vez y cerró la puerta con ella dentro.

—Espero que de ahora en adelante todo sea felicidad para todos. —dijo Annan— Hermana me invocas cuando necesites de consejos o de ayuda. Siempre estaré ahí para ti.

—Gracias hermana. 

Setanta se despidió de Annan y ella se desvaneció con la suave brisa del viento.

Morrigan y Setanta se miraron fijamente a los ojos. 

—Por fin somos libres. —dijo Morrigan con felicidad. 

Se tomaron de las manos y se acercaron, unieron sus labios y se besaron delicadamente.

Fin.



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