Episodio 5: Un Amor Eterno







etanta llace en el suelo con su hermano fallecido, cruzó sus piernas para recostar la cabeza de Ferdiad en ellas. Nadie se les acercaba, respetando ese momento de dolor.

—Amado hermano mío, en este momento no hay dioses que me devuelvan la fe. Que pena tan grande es quedarme sin decirte lo mucho que te amaba. Fuiste mi único hermano y mi mejor amigo. Tantos infiernos que pasamos juntos y todos los superamos. Pero este infierno no sé como pasarlo y menos sin ti.

En ese momento se acercó Morrigan en forma de cuervo y se posó junto a ellos… 

—¡Aléjate! —gritó Setanta. De tal reacción ella se alejó un poco para tomar forma humana. Morrigan cayó arrodillada. 

—Se supone que al despertar todo habría pasado —lo dijo en una voz llorosa y triste— Lo hice porque te amo demasiado y no quiero verte morir. 

Setanta se negó a mirarla a los ojos… 

—Hubiera preferido morir antes de ver a mi hermano asesinado.

Morrigan comenzó a llorar desesperadamente… 

—Huye Setanta, ¡huye!

Setanta se quedó atónito y no sabía que reacción tomar. Morrigan se puso de pie, cambió su semblante, sonrió y frunzó el ceño.

—¿Estás listo para morir? —quedó sorprendido e intrigado— Pero ¿Qué es esta malevolencia?.

Morrigan hizo un gesto como si se fuera a desmayar. Setanta se paró enseguida y se acercó a ella para sostenerla.

—Mi amor, ¿Qué te sucede?

Morrigan comenzó a reírse y a elevarse en el aire…

—Yo no soy Morrigan —Lo dijo con una voz distinta— ¿Quién eres? —Setanta preguntó temeroso. 

—Soy la muerte. 

Mientras estaba suspendida en el aire se puso en posición fetal y comenzó a hacer gestos de dolor.

El cielo se oscureció y se desató una gran tormenta, la fuerte lluvia dificultó la visibilidad. Setanta le hizo gesto a Conchubar para que ordenara la retirada de todos sus soldados y los de los demás reinos. Sabía que esto era un asunto que solo él podía afrontar.

De la espalda del cuerpo de Morrigan salieron unas enormes alas negras que se desplegaron para elevarse más alto. Setanta llamó a Dub, lo montó y con sus majestuosas alas color perla se elevaron hasta igualar la altura de quien se suponía era Morrigan. 

—¿Qué has hecho con Morrigan? —gritó Setanta para que entre la lluvia y los truenos le pudiera escuchar.

El cuerpo de Morrigan solo estaba suspendido en el aire y mirando a Setanta. 

—Dub acércate más. 

Entre los fuertes vientos y la lluvia Dub se acercó. Setanta se fijó que los ojos de Morrigan estaban completamente oscuros, su preocupación se incrementó.

—¿Morrigan me escuchas? —Setanta gritó angustiado.

—Mi hermana no te puede escuchar, es débil como los humanos.

Ella levantó un brazo y Setanta hizo un gesto para que Dub se alejara. Un rayo cayó en la mano de Morrigan y se convirtió en una lanza similar a la Gae Bolg, pero con siete puntas.

Setanta también extendió su brazo y al momento de abrir la mano la Gae Bolg llegó pero justo en el momento cuando ella lo atacó con su lanza. La Gae Bolg los protegió sosteniendo todo el daño.

Ella se alejó y apuntó a Setanta con su lanza, de sus alas salieron una manada de cuervos. Dub hizo maniobras que eludieron los ataques pero entre medio de los cuervos apareció ella logrando una herida mortal a Dub.

Setanta y Dub cayeron desde una gran altura, arremetiendo contra el suelo. Setanta se levantó bañado en sangre, se miró las dos manos y vio como la sangre se escurría por la gran cantidad de lluvia que estaba cayendo sobre él. Se dio cuenta que no era su sangre sino la de Dub, que cayó muerto.

Setanta se arrodilló junto a Dub; abatido; impotente; lastimado y se acercó al cuerpo del caballo inmóvil para tocarlo.

Morrigan descendió cerca de los dos y a la misma vez dejó de llover. Apuntó su lanza intimidante de siete puntas hacia Setanta, pero inexplicablemente la lanza se cayó al suelo y Morrigan comenzó a hacer gestos de dolor y a tratar de hablar. 

Ella se acercó a Setanta y lo abrazó…

—¿Morrigan? —Setanta preguntó indefenso. 

—Setanta, toma tu arma y mátame —lo dijo con una voz aterradora.

Él la miró con ojos de odio y apretó sus puños pero al mirarla nuevamente solo vinieron hermosos recuerdos junto a ella. 

—No puedo —y se desplomó en llanto. 

Ella lo sostuvo abrazándolo y no hizo más nada que solo llorar junto a él. Para Setanta todo se tornó oscuro y un silencio lo arropó.

Al abrir los ojos se dio cuenta que estaba en un valle, el cantar de las aves le dio una tranquilidad y una calma inigualable. 

—¿Estoy en el cielo? —pensó mientras se levantaba. 

Miró a todo a su alrededor y se maravilló del verde pasto, del cielo azul y del lago iluminado por la luz del sol.

Sintió que alguien se acercó y se volteó, al ver que era Morrigan se alegró tanto que no paraba de sonreir. Ella se acercó, estaba vestida con un hermoso traje color blanco y que le llegaba hasta los tobillos. 

—Hola Setanta, me llamo Annan y soy la hermana de Morrigan. Tuve que intervenir, lamento que sea en estas circunstancias que nos conozcamos.

—¿Hermana? 

—Sí, somos tres hermanas. No hay tiempo para historias largas así que voy a ser lo más directa posible. Nuestra hermana Badb ha poseído el cuerpo de Morrigan solicitado por la hechicera Medb para asesinarte.

—Pero si yo destruí el bastón de poder de Medb.

—Esto es algo más complicado y todavía Badb está bajo la influencia de la petición que hizo Medb. Sé que esto debe ser muy confuso para ti y no va a ser fácil lo que te voy a pedir. 

—¿Qué debo hacer?

—Para liberar a mis hermanas tienes que asesinar... —tomó un respiro profundo— a Morrigan. 

—¿Me estás pidiendo que mate a tu propia hermana? No puedo, no tengo fuerzas para verla morir en mis brazos.

—Setanta, Badb es guerra y su ira arropará este mundo. Solo tú puedes evitarlo, ¡Avanza! no hay mucho tiempo. En cualquier momento Badb va a volver. 

Setanta nuevamente abrió sus ojos y se encontraba tal y como estaba antes de encontrase con Annan, llorando junto a Morrigan. Él con los ojos muy abiertos, pensaba en lo que tenía que hacer. Comienza a recordar el momento en que conoció a Morrigan, cuando tomó su mano para huir de la primera batalla y cuando le preguntó si creía en el destino. 

—Ese no puede ser nuestro destino, pero Lugh me dijo que tengo que cumplir con este destino. Si no lo hago, es la destrucción del mundo tal como me contó Annan. —pensó Setanta.

Él todavía seguía abrazado a Morrigan y oliendo su pelo cerró sus ojos…

—Perdóname —lo dijo en voz baja, cerca de su oído.

Ella comenzó a reír malintencionadamente. Setanta la soltó, agarró la Gae Bolg y se la clavó en el pecho a Morrigan pero al mismo tiempo y sin darse cuenta Badb también le había clavado su lanza en el pecho a Setanta.

Las nubes negras que tapaban el cielo se dispersaron y la luz del sol comenzó a alumbrar ese paisaje de muerte y dolor. Los dos se miraron fijamente a los ojos, se acercaron y se abrazaron con dificultad.

—Setanta, mi amor. —susurro Morrigan. 

—Morrigan, te voy a extrañar. —dijo Setanta con dificultad. 

Morrigan suelta sus últimas lágrimas, que se esparcieron en la cara de Setanta al besarse por última vez. Setanta dejó de respirar y juntos cayeron al suelo. Casi sin poder, Morrigan recitó su último poema.

—El amor no muere
Solo se dispersa como las cenizas
Como el polen de las flores
que se dispersan para dar vida
un amor eter……. no.

Terminó con su último suspiro.

Todos se acercaron e hicieron un círculo, bajaron la cabeza en modo de reverencia. Dentro del círculo estaban Setanta, Morrigan, Ferdiad y Dub. Conchubar muy entristecido se inclinó con una pierna y comenzó a llorar. 

—Declaro este lugar sagrado, se va a colocar un gran peñasco para que represente como el gran héroe de Ulster se sostuvo hasta el final. —gritó a todos sus soldados como a los soldados de los demás reinos. 

Así fue recordado Setanta o Cuchulain, el gran héroe de Ulster. Sus historias fueron contadas junto a esa gran roca por generaciones, inspirando a todo aquel que las escuche o las interprete aun así luego del cristianismo.


Una historia de amor para toda la eternidad.




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